“Sábete, gran Belcebú,

que este Santo venerado,

que en Oña está sepultado,

era de Calatayú”.

Cuentan las crónicas antiguas que allá por el año 1000 en el barrio mozárabe de Calatayud nació un niño al que pusieron por nombre Eneco o Íñigo. Un discípulo suyo le describía como un hombre sabio de carácter reposado y conciliador, respetado por moros y cristianos, suacis enim, ac mitis fuit, etiam cum in superbia saeculi versareiur . Íñigo, a la edad de 16 años, profesó como monje en el monasterio de San Juan de la Peña regido por la orden de San Benito.

Cuentan que algunos años después el joven  monje se retiro a Tobed como eremita,  allí fue donde fue creciendo su fama de sabiduría y santidad.  En el año 1035 se trasladó a Oña para regir el monasterio Benedictino de San Salvador a instancias del Rey Sancho III el Mayor. Como Abad de dicho cenobio ejerció hasta su muerte en 1068.  Fue canonizado en 1163.

La Orden de San Benito en Calatayud.

La vinculación de la Orden Benedictina con la ciudad del Jalón remonta al año 1139, cuando Alfonso VII de Castilla, tras invadir  nuestra comarca, donó al monasterio de San Salvador de Oña los pueblos de Cimballa, Monterde, Cubel, Pardos y Abanto, lo que dio pie a que los monjes burgaleses a que fundaran en este enclave un priorato dependiente dicho monasterio.

Diez años más tarde Ramón Berenguer IV recuperó el territorio y optó por mantener la dependencia del monasterio de San Benito y su priorato con respecto a San Salvador de Oña, aunque no la de los pueblos de la comarca con la expresa salvedad del barrio mozárabe (cerca de la puerta de Zaragoza)  en el que se asentaba, según contaba la tradición, el solar de la casa natal de Domino Enneco abati de Sancti Salvatoris Honie. 

El monasterio  bilbilitano dispuso en principio  de abad y cuatro frailes,  su iglesia fue erigida como parroquia y administraba el llamado «Hospital de la Piedad» institución que estuvo vinculada al monasterio hasta 1478, fecha en la que fue trasladado a la plaza de San Pedro Mártir uniéndose al de San Hipólito. El antiguo hospital benedictino quedo entonces exclusivamente reservado para niños expósitos.

A finales del siglo XV o principios del XVI los benedictinos abandonaron Calatayud. En 1507 el concejo de la cuidad asumió el patronato del convento  y siete años más tarde se decidió traer a Calatayud un grupo de monjas que será el germen de la nueva comunidad benedictina, quedando ésta bajo el patronazgo del concejo y conservando la titularidad de parroquia hasta 1861.

El 27 de Junio de 1969 la comunidad de monjas que habitaba el convento de San Benito abandonó definitivamente la ciudad de Calatayud. Así se ponía fin a más de setecientos años de permanencia de esta Orden en el ámbito bilbilitano.

San Íñigo Patrón de Calatayud.

El nacimiento de San Iñigo en Calatayud ha generado un intenso debate historiográfico, existiendo una abundante bibliografía en torno a la vida y milagros del santo canonizado en 1163 más allá de la ausencia de pruebas documentales fiables con respecto a su nacimiento. Lo que quizás pueda sorprender es lo tardío de su proclamación como santo patrono de la ciudad, ocurrida en el año 1600, teniendo en cuenta que su culto canónico había sido aprobado mediante bula otorgada por el papa Alejandro IV el 18 de junio de 1259, aunque se tiene alguna noticia de una cofradía colocada bajo su advocación desde 1378,  lo cierto es que su elevación a la condición de patrono se inscribe en las nuevas prácticas devocionales de la Contrarreforma.

Dos años antes de su proclamación como patrón el Concejo de Calatayud inició los trámites con el monasterio de Oña para conseguir una reliquia del santo  y en 1599 una delegación bilbilitana se dirigió a Oña con este propósito. El jurado preeminente Gerónimo López de Sisamón y el padre Millán Brondat de la Orden de Predicadores, fueron los encargados de traer a Calatayud una canilla del brazo de San Íñigo depositándola en la colegiata de Santa María la Mayor. El proceso concluiría con la ratificación de la autenticidad de la reliquia de San Iñigo por parte de de José Palafox, vicario general del arcedianato de Calatayud el 24 de julio de 1600 y con la autorización de que los encargados de las reliquias «gasten de los bienes y rentas de la ciudad todo lo que les parezca y sea bien visto en hacer procesiones, fiestas, regocijos, capillas, y altares, a libre disposición»

Sobre esta disposición, Lorenzo de la Mata y Sánchez Molledo recogen un interesante apunte documental copiado  en la Crónica General de la Orden de San Benito de fray Antonio Yepes (publicada en 1615), en el que se relata cómo  Juan Jerónimo González de Sisamón, jurado mayor de la ciudad de Calatayud  remitió una misiva a fray Pedro de Torrecilla, abad del monasterio de Oña los siguientes términos:

“se ha hecho una rica capilla y retablo labrado con mucha policia y ornato, que aseguro a V.P. que aunque hay otras mayores en esta ciudad, ninguna mejor acabada ni con más obra a lo moderno, y así como se iba labrando, iba Dios labrando en mi alma nuevos deseos y devoción para perfeccionarla, y en los artífices grande gana de concluir con ella; al fin, como obra de un grande santo. Además de esto, en la dicha capilla, se ha hecho un rico tabernáculo con una reja labrada de azul y oro, con gran policia y primor; las puertas, muy costosas y muy acabadas, con puntas de diamantes doradas y plateadas. Tiene este tabernáculo cinco llaves repartidas de esta manera: el justicia tiene una, los dos jurados mayores, dos, y el juez y el pegostre [sic] de la cofradía otras dos. Entréganse con homenaje de manos y boca, y no se puede abrir sino todos presentes, con auto de escribano para abrir y cerrarla. Dentro está la reliquia del glorioso santo, en un brazo de plata, que también me tocó a mí de hacerlo, que pesa 150 onzas de plata, curiosamente labrado”

03 (1)

La procesión en honor al San Íñigo, que aún se  celebra el día 1 de junio, quedó instituida a partir del año 1662 y alguna de ellas aparece muy bien descrita  en el siglo XVIII. Finalmente, es preciso indicar que durante la Guerra de la Independencia la capilla sufrió el saqueo de las tropas francesas, tal y como recoge José Galindo. El brazo relicario de plata desapareció en ese momento y la imagen del Santo sufrió importantes desperfectos que fueron reparados después de la contienda bélica por el escultor Tiburcio Quílez y el pintor Gregorio Melendo, que también se responsabilizaron de la confección de un nuevo brazo relicario, aunque en esta ocasión en madera policromada, para albergar la reliquia.

Desde el abandono del convento en 1969 y hasta la actualidad, el conjunto monástico ha sufrido una profunda transformación. La iglesia del complejo monástico pasó a ser propiedad municipal, fue restaurada y convertida en Aula Cultural a finales del siglo XX. Las huertas y parte de los edificios conventuales quedaron en manos de la comunidad benedictina y fueron vendidas a una inmobiliaria que levantó unos bloques de pisos y en los restos del complejo conventual que rodeaban a la iglesia una nueva instalación hostelera.

Así, es en el actual comedor del Hotel «Monasterio Benedictino» donde se ubican los restos más antiguos de lo que pudo ser la iglesia del primitivo cenobio. Se trata de dos series de tres arcos formeros de ladrillo ligeramente apuntados apoyados en columnas de alabastro con capiteles de tipo cisterciense que podrían formar parte del templo original que deben datarse en el siglo XII.

Todo el ajuar litúrgico que contenía la capilla del Santo fue llevado a distintas dependencias municipales. Una vez que San Pedro de los Francos fue restaurado se procedió a montar el retablo que sería restaurado en el año 2013.

Retablo de San Íñigo c. 1602.1613. En la actualidad en la iglesia de San Padro de los Francos. Calayauid. Foto Luis M.García.

Retablo de San Íñigo c. 1602.1613. En la actualidad en la iglesia de San Pedro de los Francos. Calatayud. Foto Luis M. García.

La traza general del retablo, tal y como apunta el profesor Criado Mainar se asemeja a otros de la Comarca realizados entre 1590 y 1600. Se trata de un exquisito mueble realizado en madera dorada y policromada.

En el banco se acomoda un bello altorrelieve con San Iñigo llevado por unos monjes al monasterio de Oña separado por ancones de las imágenes de San Gaudioso y San Prudencio, patronos del Obispado de Tarazona. El cuerpo central está presidido una amplia caja cuyo interior alberga una hornacina en la que se ubica la impresionante imagen del Santo patrono de la ciudad. Las calles laterales incluyen representaciones en tres cuartos de relieve de santos de la Orden Benedictina tales como San Mauro y Santa Escolástica en el lado del Evangelio, y San Hilarión y Santa Gertrudis en el de la Epístola.

El exorno decorativo del retablo se completa con los escudos de Calatayud que aparecen labrados en las caras frontales de los plintos externos del banco y con dos imágenes de San Jerónimo y San Buenaventura que flanquean los aletones que enmarcan el Calvario del ático.

Una magnífica obra de arte con la que la ciudad de Calatayud quiso honrar a su Santo Patrón….. aunque hubo y hay otras pero esa es otra historia…..

Bibliografía:

BORRÁS GUALIS, G. M. y LÓPEZ SAMPEDRO, G., Guía de la cuidad monumental de Calatayud, Madrid, Servicio Nacional de Información Artística, Arqueológica y Etnológica, 1975; citamos por la reedición facsímil de Calatayud, Centro de Estudios Bilbilitanos, 2002.

CORTÉS PERRUCA, J.L.  El retablo de San Íñigo de Oña. Iglesia de San Pedro de los Francos , Calatayud. estudio histórico artístico. Inédito.

CRIADO MAINAR, J., El Renacimiento en la Comarca de la Comunidad de Calatayud. Pintura y escultura, Calatayud, Comarca de la Comunidad de Calatayud y Centro de Estudios Bilbilitanos, 2008

DE LA FUENTE. V., Historia de la siempre Augusta y Fidelísima Ciudad de Calatayud, edición facsímil a cargo del Centro de Estudios Bilbilitanos de la Institución «Fernando el Católico», Zaragoza, 1994, tomo I.

GALINDO ANTÓN, J., «Algunas notas sobre el culto a San Íñigo en la cuidad de Calatayud», ActasIV Encuentro de Estudios Bilbilitanos, Calatayud, Centro de Estudios Bilbilitanos, 1997, vol. II.

LORENZO DE LA MATA, F. J. y SÁNCHEZ MOLLEDO, J. M., «Introducción», en Dameto, J. B., Historia de San Íñigo, abad del Real Monasterio de San Salvador de Oña. 1612, Calatayud, Departamento de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de la Ciudad de Calatayud.2000.

SANMIGUEL MATEO, A. y SORO LÓPEZ, J., «La primitiva iglesia de San Benito», en Actas del III Encuentro de Estudios Bilbilitanos, Calatayud, Centro de Estudios Bilbilitanos,1989, vol. I,

URZAY BARRIOS, J. Á., SANGÜESA GARCÉS, A. e IBARRA CASTELLANO, I., Calatayud a finales del siglo XVI y principios del XVII (1570-1610). La configuración de una sociedad barroca, Calatayud, Centro de Estudios Bilbilitanos de la Institución «Fernando el Católico», 2001.