El siglo XVI supuso un profundo cambio estético en el patrimonio artístico de los pueblos de la Comarca de Calatayud. El renacimiento irrumpió con fuerza  a principios de esa centuria con la ejecución de obras tan notables como la portada de la Colegiata de Santa María de Calatayud.

Los modelos de las iglesias medievales se abandonaron poco  a poco para dar paso, sobre todo tras el Concilio de Trento, a una renovación profunda tanto en la técnica como en la estética de los templos.

Uno de los mejores ejemplos de esta renovación estética ocurre en Fuentes de  Jiloca. En una Visita Pastoral de 1574 el entonces Obispo de Tarazona D. Pedro Martínez de Luna instaba al concejo a levantar un muevo templo pues el existente estaba completamente arruinado  ya que según parece por el interior… “corría un barranco…..”

Los de Fuentes se pusieron manos a la obra y las fuerzas vivas, en comisión, visitaron  algunas iglesias que se habían construido en aquellos años, como Paniza, Ibdes  y Calamocha. Aquel mismo año se contrataron  las trazas del nuevo templo  con el morisco  Gabriel Meçot, alarife y fontero  (maestro en hacer fuentes).  La primera etapa de construcción se documenta entre 1574 y 1581; en las obras participaron los canteros  Juan de Mendizabal, Juan de Cumista  además de los hermanos  Francisco  y Juan Marrón,  este último fue contratado en 1586 para realizar las obras de la Colegiata de Daroca.