”  En Calatayud, pues como en plaza de tanto nombre y consecuencia, tenían los moros prevenida resistencia, y ella obligó a pelear con esfuerzos y peligros, que fueron tan sangrientos, que no hubo moro que no perdiese la vida, o la libertad o la patria. En lo cual tuvo el valor de los nuestros tanto de prodigioso, que la victoria mereció atribuirse al divino socorro de San Jorge, y que de esto ha quedado la memoria en el agradecimiento de esta noble ciudad, que festeja al Santo Capitán como restaurador y patrón. El suceso fue el día de San Juan Bautista. ( Abarca. tom. 1º pág. 172) 

D. Vicente de la Fuente recoge esta breve descripción de la conquista de Calatayud a manos de Alfonso el Batallador y sigue su crónica contando qué, al igual que en otras ciudades, “la mezquita mayor se destinó al culto de la Virgen María, en su misterio de la Asunción gloriosa, por la gran devoción que le profesaba D. Alfonso el Batallador que le dedicó más de 500 iglesias….”

No hay evidencias arqueológicas que avalen este hecho. Pero algunos estudiosos del mudéjar  como Agustín Sanmiguel,  han planteado la sugerente teoría de que, al caer la ciudad en manos cristianas, la mezquita mayor  se consagró provisionalmente bajo la devoción de Santa María de la Mediavilla mientras se construía junto a ella la Colegiata que se finalizó en 1249 y que ocupaba el espacio de la actual;  una vez terminada ésta la antigua mezquita pasó a tener la función de claustro.

De la Colegiata hablaremos en otra ocasión, hoy lo haremos del claustro  pues,  sin duda, es el elemento más antiguo del conjunto religioso. Este recinto junto con el ábside y la torre motivó que la Colegiata de Santa María  fuese  uno de los edificios seleccionados por la UNESCO como ejemplo del arte mudéjar aragonés, declarado en su totalidad Patrimonio de la Humanidad en el año 2001.