Ya se van los segadores

a segar a Tierra Baja

a comer pan de centeno

y a beber agua de charca….

La festividad de San Pedro y San Pablo marcaba el inicio de las labores  del verano, en concreto la siega que quizás era uno de los trabajos más duros de todo el ciclo agrícola. En muchos pueblos de la Comarca de Calatayud la población casi se doblaba por unos días con la llegada de segadores procedentes de distintas localidades de Murcia, Albacete, Alicante, Valencia y Extremadura. Por ejemplo a pueblos como Cabolafuente, llegaban más de quinientos hombres para segar lo antes posible todo el término municipal en previsión de que las tormentas de verano pudiesen acabar con la cosecha.

La siega era un trabajo duro, se salía a pie hacia el tajo de noche para empezar el trabajo con el alba. Se organizaban en cuadrillas de ocho o diez hombres bajo el mando del cabecero que era quien ajustaba con el amo el precio de la siega que se hacía o bien a jornal o bien a destajo, en este caso se cobraba a  tanto por yubada.

En los pueblos donde había poco campo de secano estas labores se solapaban con otras como labrar las viñas, arrascar la remolacha y arrancar el cáñamo, además muchos de sus vecinos se marchaban a segar a pueblos de Soria donde trabajaban un par de semanas.

Casi no se guardaba fiesta, no había tiempo. Marchaban con unas pocas pertenencias a la espalda, la hoz, la zoqueta, un manguito, el garrotillo para atar fajos y alguna muda….

Eran días en los que hombres, mujeres y niños trabajaban a destajo, no ya solo en el campo sino también en las casas. El fuego en los hogares no se apagaba en todo el día, había que dar de comer a los segadores, se agotaban las conservas del invierno, los chorizos y longanizas. Comían contundentes platos de garbanzos y judías, huevos con magras, tortilla de patatas pero los plato estrella eran el rancho y las migas.

Los más jóvenes acarreaban agua de las fuentes en cántaras y botijos al tajo, sin olvidar, por supuesto las botas de vino….

Una vez segada la mies se acarreaba a las eras donde se trillaba y aventaba el cereal. Eran labores duras y en muchos casos se dilataban todo el verano, había que  guardar la paja en los pajares , cribar y entalegar el grano.

En algunos pueblos para agilizar el trabajo las familias se trasladaban a un poblado temporal cerca de las mieses, allí estaban las eras y junto a ellas casetas donde pasaban el verano trabajando, hay buenos ejemplos de este tipo de poblados en el Villar de Calmarza, la Dehesa de Torrehermosa o en Monegré y las Balsetas de Arándiga.

Trabajos y costumbres que poco a poco han ido desaparecido, de los que solo  queda constancia en la memoria de nuestros mayores, en un puñado de fotos antiguas y sobre todo en el excelente libro  Cultura Popular de la Comunidad de Calatayud de José Ángel Urzay Barrios….