….Se ignora el origen de su fundación; más según varios autores, y principalmente D. Juan Betrian Pujadas, esta Virgen debió de ser ocultada cuando la persecución de Diocleciano, y de su presbítero Daciano,  como otras muchas imágenes de Aragón, fue hallada dentro de la peña debajo de una campana, cuando Alfonso el Batallador conquistó la Ciudad de los Moros – en esto no opina bien este señor pues en tiempo de Daciano no se habían inventado aún las campanas- debiéndose el haber descubierto a haberse observado una luz a modo de estrella hacia aquella parte y oídose ruidos en el sitio y suelo en el que se halló después al cabar; en el cual se le hizo la Iglesia sesenta años después…..

    (Glorias de Calatayud y su Antiguo Partido. M. del Cos y F. Eyaralar, 1845)

Tal y como relatan Mariano del Cos y Felipe Eyaralar  la tradición cuenta  qué, cuando el rey Alfonso I el Batallador conquistó Calatayud, una estrella brilló durante varias noches sobre uno de los cinco castillos que conforman el recinto fortificado islámico de la ciudad a la vez que se oía el débil tañido de una campana.

Los habitantes de la zona sorprendidos por estas señales buscaron en el castillo y en una cueva encontraron una campana, escondida bajo ella hallaron una imagen de la Virgen que se llamó de “La Peña” construyendo después una iglesia sobre los restos del antiguo castillo.

Hay noticias de que hacia 1180 la parroquia fue elevada al rango de Colegiata con prior y doce canónigos. En 1187 Alfonso II el Casto les ratificó sus propiedades y otorgó privilegios que serían refrendados en 1380 por Martín el Humano quién además -según cuentan M. del Cos y F. Eyaralar-  donó al la Real Colegiata de la Peña las localidades de Alhama, Jaraba, San Martín de Ateca, Castejón junto a Alarba, Calmarza y Jaulín.

Estos privilegios  que se mantuvieron hasta 1623 momento en el que -por las pretensiones de convertir a Calatayud en sede episcopal- las rentas y propiedades de la Peña se unieron a las de la Colegiata de Santa María perdiendo la primera este rango para que la segunda se convirtiese en catedral.

Su estratégica situación provocó que por diferentes avatares históricos fuese destruida y reconstruida en varias ocasiones.  El primitivo templo fue sustituido en 1343 por uno de fábrica mudéjar terminado en 1350 pero pocos años después fue parcialmente destruido durante la  Guerra de los Pedros,  reconstruyéndose bajo el reinado de Martín I El Humano. Este templo, según G. Borrás y G. López Sampedro, sería el modelo más antiguo de iglesia fortaleza conocido, muy similar de las iglesias de Tobed o Torralba de Ribota, con cabecera plana de triple capilla- en este caso excavada en roca- una sola nave y capillas entre las torres contrafuerte sobre las que se deslizaba un adarve del que aún quedan restos. De la fábrica medieval aún se conservan en la capilla de San Francisco Carraciolo, unas impresionantes yeserías de la segunda mitad del siglo XV.

Durante la Guerra de la independencia las topas francesas se acuartelaron en esta iglesia dejándola dañada de tal forma que los trabajos de reconstrucción que se dilataron desde  1814 hasta 1826 periodo al que corresponde la fábrica actual del templo.

La desamortización de 1835 afectó también a este santuario que quedó abandonado. Pocos años después, en 1839, durante la primera guerra Carlista el templo volvió a ser utilizado como acuartelamiento militar y tras la guerra, en 1844,  fue comprado por 5000 reales a un particular por la Esclavitud de la Virgen de la Peña, fundada en 1649, institución  que además adquirió el compromiso de restaurarlo completamente debido a su lamentable estado y mantenerlo en lo sucesivo.

En 1933 un incendio provocado destruyó la cabecera de la iglesia perdiéndose tanto el retablo mayor como  las pinturas murales que se habían realizado en la centuria anterior y la bella imagen de la Virgen sedente con el niño en sus brazos. Poco después del incendio comenzaron los trabajos de restauración, los hermanos Alvareda de Zaragoza fueron los encargados de realizar el retablo mayor y la copia de la imagen perdida, un pintor bilbilitano, José María Rubio  fue el encargado rehacer de las pinturas murales que en la actualidad decoran todo el interior del templo.

Esto no es más que un simple resumen de la historia de uno de los templos emblemáticos de la ciudad de Calatayud, pero ya sabes que puedo contarte muchas cosas más….