El Calatayud desaparecido I

…La vistosa ciudad de Calatayud, patria del célebre Marcial, ceñida con buenos muros y torres, tomó sitio al pie de un alto collado, en las deliciosas márgenes del frondoso rio Xalón que en esta parte mezcla con el Xiloca, entre cristalinas fuentes, cuyo templado clima, frescura de huertas, ameneidad de jardines, hermosura de casas de placer, que la rodean, terreno fértil de pan, vino, pescado, frutas, aves domésticas, caças, y ganados tiene segundo lugar después de Zaragoza. Habítanla tres mil vecinos, gran Nobleza y riqueza, divididos en trece  parroquias, once conventos de de Frailes y cuatro de monjas…….

Rodrigo MÉNDEZ SILVA Población general de España: Sus trofeos, blasones y conquistas heroicas. Madrid 1675. Pág.  104.

Justo un siglo después Antonio Ponz en su “ Viaje de España”  hacía una descripción más profunda y crítica de nuestra ciudad,  resaltando que los datos que aportaba Méndez  Silva poco o nada tenían que ver con lo que él había visto de primera mano ,  sólo coincidiendo  ambas descripciones  en el número de edificios religiosos levantados en la que algunos llamaron “la ciudad de las cien campanas” Calatayud.

… En el  día se  reputa a esta ciudad (Calatayud ) de mil quinientos vecinos; pero según me informaron  algunas personas es cuenta exagerada. Está situada al pie de un collado. En tiempo de Rodrigo Mendez Silva debió ser otra cosa de lo que ahora es, de amenos jardines, casas de placer, tres mil vecinos de población, &c…..

….Hay en Calatayud nada menos que once parroquias, once conventos de Frayles y cinco de Monjas….

Antonio PONZ. Viaje de España. Tomo XIII, Madrid 1788. Págs..80-86.

Después de que Ponz visitase Calatayud el paisaje urbano de la ciudad cambió sustancialmente, ya por aquellos años  se debía estar derribando la iglesia de San Juan de Vallumpié, parroquia  que era trasladada a la iglesia del Pilar del Convento de los Jesuitas, la actual San Juan el Real.

Llegó el siglo XIX y con él la Guerra de la Independencia,  las Guerras Carlistas y las desamortizaciones, hechos cruciales para el patrimonio histórico artístico de la ciudad.  La primera desamortización se promulgó en 1809 por José Bonaparte, la segunda en 1813 promovida por las Cortes de Cádiz, la tercera en 1820. Pero la más perniciosa fue la promovida por Juan Álvarez de Mendizabal entre 1835-37.

Vista general de Calatayud hacia 1870 Jean Laurent.

José I Bonaparte  decretó  la supresión de «todas las Órdenes regulares, monacales, mendicantes y clericales» (sic) lo que supuso el primer varapalo para el patrimonio de nuestra ciudad. En 1813 el Ayuntamiento decidió imponer sanciones a quienes desvalijasen los conventos vacíos.  El mayor expolio era  sobre todo la madera que acababa en manos de comerciantes sin escrúpulos – se cuenta que la sillería del Carmen Calzado, una de las mejores de la cuidad pasó a mejor gloria como leña para estufas- …

Los franceses en Calatayud hicieron de las suyas, el santuario de la Peña fue prácticamente destruido al igual que el convento del Carmen Calzado, junto a la puerta de Zaragoza, enfrente de Colegiata del Santo Sepulcro de la cual, según Mariano del Cos y Felipe Eyralar,  se llevaron 36 arrobas de plata (unos 400 kg).

En San Pedro Mártir, además causar daños materiales, arramblaron con los bustos relicario de plata dorada y policromada de San Pedro Mártir de Verona y de Santo Tomás, que habían sido un regalo del Papa Luna . Saquearon la capilla de San Íñigo en el Monasterio Benedictino y en las continuas escaramuzas se dañaron  la iglesia de la Merced y el convento de  las Clarisas.

Hacia 1820 restablecida la “normalidad” las comunidades  religiosas habían vuelto a reorganizarse e instalarse en sus conventos y monasterios. Según relata D. José Galindo Antón en su libro “Crónica Bilbilitana del siglo XIX” ese mismo  año se hizo un censo de las mismas, incluyendo en él la misión que realizaban y el estado de los edificios que ocupaban, el estado de la cuestión era el siguiente:

Conventos de varones:

Convento de San Francisco. 26 frailes que impartían enseñanza primaria en dos escuelas públicos.  El Real convento de  San Pedro Mártir, Dominicos con 25 frailes que  Impartían Bachiller  además de Teología y Filosofía. El convento de la Merced, 18 frailes,  tenían una escuela pública. Los Agustinos eran 26  religiosos,  tenían una escuela de primeras letras. El Convento del Carmen Calzado, 8 frailes observantes. El del Carmen Descalzo con 14 frailes contaba con una escuela de primeras letras y realizaban misiones de caridad en pueblos de la Comarca. El convento de los Trinitarios estaba ocupado por 11 religiosos mientras que las comunidades de  Capuchinos estaba formada por 14 frailes y en el Santuario de la Virgen de la  Peña había 4 clérigos menores que servían el santuario. Los Jesuitas volvieron a Calatayud a finales de esa década, pero su estancia fue muy breve.

Las comunidades femeninas eran:

Dominicas, 28 religiosas dedicadas a la enseñanza. Capuchinas, 26 religiosas dedicadas a la hospitalidad. San Benito,  20 religiosas dedicadas a la beneficencia. Clarisas 24 religiosas dedicadas a la beneficencia. Carmelitas descalzas, 21 religiosas dedicadas a la enseñanza y las Salesas , que se habían estableció en la ciudad por aquellos años contaban con 40 religiosas dedicadas a la enseñanza.

Convento de Agustinos descalzos, La Correa.

El  paisaje urbano  de Calatayud en el  primer tercio del siglo XIX era prácticamente semejante al que habían relatado  los viajeros de los siglos XVII y XVIII pero además de estos monumentos religiosos -alguno de ellos magníficos-  en la ciudad se levantaban otros de carácter civil;  palacios públicos y privados propiedad de grandes familias locales, como  los Pérez de Nueros,  Quintillá,  Warsage, Muñoz Serrano, Erlueta,  Fernández de Heredia, Pujadas de Vezlope, Liñán, Sesé, García de Vera, Ximenez de Cisneros, Aparicio etc. eso sin contar con las más de treinta ermitas y oratorios repartidos por el casco urbano y el término municipal.

Jesús del Monte, casa de retiro de los Jesuitas. Desaparecida a finales del siglo XX.

Pero fue con la desamortización de Mendizabal (1835-37) y hasta bien entrado en siglo XX cuando nuestra ciudad comenzó un proceso de remodelación urbanística que cambió radicalmente su fisionomía.

Gracias a la  desamortización se  suprimieron todos los monasterios, conventos, colegios, congregaciones y casas de comunidad, institutos religiosos de varones y Ordenes Militares. Lo que afectó profundamente al patrimonio y al urbanismo de la ciudad. Unos pocos años más tarde se dio la siguiente estocada al patrimonio monumental,  se decretó la suspensión de parroquias,  quedando en 1856 solo como tales el Sepulcro, Santa María, San Juan, San Andrés y el Santuario de la Peña.

Barrio de la Morería en Calatayud, Gustavo Doré 1862.

Pero ¿qué ocurrió con todo este inmenso patrimonio que quedó sin uso por aquellos años? … os lo resumo en parte:

En 1836 de derribó el convento de Santa Clara que se ubicaba en parte de la actual Plaza del Fuerte.  Había sido muy afectado durante la Guerra de Independencia y sus moradoras se trasladaron al conjunto de edificios que habían dejado vacante, aquel mismo año, la rama masculina de la orden. La comunidad vivió allí durante un siglo, abandonado Calatayud hacia 1934, las dependencias conventuales  pasaron a manos privadas quienes tuvieron la sensibilidad de destinarlo a serrería y taller mecánico. Este monumento desapareció a finales de la década de los años cuarenta del siglo XX.

Iglesia del convento de San Francisco.Desparecido.

En 1843 el Convento de las Carmelitas Descalzas se derribó para ensanchar la carretera. Estaba en lo que es en la actualidad la plaza Islas Canarias, las monjas se trasladaron al convento que la rama masculina de la orden había dejado vacante unos años antes. La comunidad se marchó de nuestra ciudad a finales del siglo XX, el edificio en la actualidad es la sede del Museo de Calatayud.

En 1851 tuvo lugar la demolición de la Iglesia de la Trinidad entre la calle Marcial y la Plaza Bardají, se abrió la calle y amplió la plaza.

Con el convento de Dominicos de San Pedro Mártir, quizás uno de los monumentos mudéjares más bellos de Aragón, se cometieron todo tipo de atropellos. La Comisión Nacional de Monumentos  en 1846 lo declaró Edificio de Interés, pero hubo varios informes favorables a ejecutar su derribo, entre ellos el de un “experto” ingeniero de caminos que textualmente decía “ es de gran necesidad derribar la parte de aquel edificio que contribuye en estrechar la vía pública en el referido punto” el referido punto era el ábside de la iglesia. El Ayuntamiento de Calatayud, siguiendo el  sabio criterio del “técnico”, mandó demoler lo que quedaba del complejo monástico en 1856.

La iglesia de Santiago,  sin culto desde la década de  1840, fue demolida en 1863, por supuesto con el consiguiente informe del técnico de turno y siguiendo con la piqueta en 1870 desaparecía la de San Miguel. Por aquellos años también San Andrés estuvo a punto de correr la misma suerte – también contaba con el informe pertinente- pero al final se salvó gracias a la providencial intervención de los parroquianos que la repararon.

En  1870 desapareció Santa Lucía y en 1872 lo hacía la cercana iglesia de San Torcuato para dar lugar a la actual plaza Ballesteros, en 1880 se condenaba al derribo la iglesia de San Martín, ubicada en lo que ahora es la Plaza Pascual Marquina.

Iglesia de San Martín. Foto. Oñate.

El convento de la Merced, dañado durante la Guerra de la Independencia, fue convertido tras la desamortización en cuartel, prisión militar y depósito de sementales. Desapareció del mapa en la década de los años cincuenta del siglo pasado, se encontraba en el actual edificio Ibercaja.

El Convento del Carmen Calzado se levantaba justo enfrente de la Colegiata del Santo Sepulcro, muy dañado durante la Guerra de la Independencia,  tras la desamortización fue abandonado y pocos años más tarde demolido completamente.

El convento de los Agustinos o de la Correa se destinó a Colegio  Municipal de Humanidades, desapareciendo en la segunda mitad del siglo XX al igual que el monasterio de Dominicas y parte del de las Benitas.

Convento de la Merced. Foto, Loty h. 1930

En fin, en menos  de cien años la ciudad pasó de tener once parroquias a seis y de dieciséis conventos a conservar solo cinco. El destino de estos edificios ha sido de los más variopinto pero al menos se mantienen, en el antiguo complejo de Jesuitas está la UNED, la iglesia del Monasterio Benedictino  se convirtió Aula Cultural y parte del edificio conventual en un Hotel, el convento de  Carmelitas se convirtió en el Museo de la Ciudad pero Salesas se muere en el más triste de los abandonos. De todas estas comunidades que hubo en Calatayud en la primera mitad del siglo XIX sólo quedan  las Capuchinas que conservan -de su convento original- la iglesia.

Ya no entro en la pérdida de arquitectura civil de la que otro día os hablaré pero  estoy convencido de que  Calatayud hubiese sido mucho más bonito y atractivo si  TODO este patrimonio se hubiese conservado. Nuestra generación y las venideras no son las culpables de lo que se ha perdido pero  nos queda la responsabilidad de preservar lo que nos queda…..

BIBLIOGRAFÍA:

COS, Mariano del y EYARALAR, Felipe. Glorias de Calatayud y su antiguo partido. Segunda impresión facsímil,CEB Calatayud 2015.

GALINDO ANTÓN, J, Cronica Bilbilitana del siglo XIX. CEB, Calatayud, 2005.

LA FUENTE, Vicente de: Historia de la siempre augusta y fidelísima ciudad de Calatayud, Tomo I(edición facsímile), prólogo de Pedro Montón Puerto, Zaragoza, 1988, Centro de Estudios Bilbilitanos.

LA FUENTE, Vicente de: Historia de la siempre augusta y fidelísima ciudad de Calatayud, Tomo II (edición facsímile), Zaragoza, 1988, Centro de Estudios Bilbilitanos.